ES POSIBLE LA PAZ. Declaraciones de José A. Itzigsohn sobre las crísis del Medio Oriente.

Febrero 3, 2017
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Jerusalén (Corresponsal).- José Alberto Itzigsohn es un judío argentino nacido en Concordia, Entre Ríos, en 1924, que se fue a vivir a Israel en 1976, cuando se produjo el golpe militar. Militante de izquierda, a sus 78 años, desde Jerusalén, analiza la compleja situación del Medio Oriente, conmovido por una violencia que parece no tener fin.
Es médico psiquiatra, ex director y profesor del Departamento de Psicología de la Universidad de Buenos Aires y, autor de dos libros: Una experiencia judía contemporánea (1969) y Tras huellas de ashkenaz (1989).
Junto a su militancia socialista revolucionaria reune una amplia carrera científica y docente. Es “Senior Lecturer” de la Facultad de Medicina de la Universidad de Jerusalén, secretario científico de la Asociación Psiquiátrica Israelí; fellow del Instituto de Judaísmo Contemporáneo de la Universidad de Jerusalén; presidente de la Asociación de Trabajadores de Salud Mental de Lengua Española y Portuguesa; miembro de la Asociación Interfe de Israel para un mejor entendimiento entre judíos, cristianos y musulmanes; profesor invitado a cursos de doctorado de la Universidad Pontificia de Salamanca (España) y director del consultorio externo del Centro Comunitario de Salud Mental del norte de Jerusalén.
Militante comunista en su juventud participó en 1948 de la guerra que dio nacimiento al Estado de Israel. Años después rompió con el PC argentino y animó el periódico de izquierda judeoargentino Voz Libre junto a Carlos Polak, León Pomer y Herman Schiller.
Actualmente es corresponsal de la revista argentina Convergencia por un judaísmo humanista y pluralista, expresión de la corriente laica y progresista junto al ICUF (Federación de Entidades Culturales Judías), Meretz Argentina, BUND (Liga Socialista Judía) y el Grupo Encuentro. El resultado de la entrevista es el siguiente:

¿Es posible lograr la paz entre Palestina e Israel?
El pueblo israelí y el pueblo palestino atraviesan en este momento uno de los períodos más difíciles de su historia. La espiral de violencia causa muertes de civiles inocentes en ambos bandos. La situación económica en Israel es muy difícil y en las áreas palestinas es intolerable. La sensación dominante es que esta situación no debe, ni puede, prolongarse por más tiempo. Se impone la necesidad de un cese del fuego para poder reanudar las negociaciones cuyo objetivo sería alcanzar la paz o al menos una no-beligerancia duradera, que nos permitiera a todos restañar nuestras heridas. En los caminos israelíes se pueden ver carteles trilingües, en hebreo, árabe e inglés, cuyo texto dice: “Los dolores de la paz son preferibles a la agonía de la guerra”. Empero se pueden ver también carteles que llaman a destruir a la Autoridad Palestina y a recuperar los territorios que están bajo el control de ésta a partir de los acuerdos de Oslo. Dentro de Israel se suceden manifestaciones en apoyo de una u otra política.

¿Cómo viven los sectores pacifistas israelíes la escalada de violencia desatada por Ariel Sharon?
La opinión pública está dividida entre una mayoría que apoya una política de paz, y una minoría, muy activa, que se opone a ella o la plantea en términos totalmente irreales cuyo resultado es el mismo. ¿De dónde viene el temor a la paz? Sus raíces son el temor al debilitamiento de Israel y/o la ideología de la “Gran Israel” en sus vertientes religiosa y laica. El temor por la seguridad de Israel se basa en el hecho que la hostilidad y la beligerancia árabe acompañan a la empresa sionista, a Israel, desde su mismo comienzo y que no cesarían cualesquiera fuesen las “renuncias” territoriales que estuviésemos dispuestos a hacer. Por el contrario, de acuerdo a esta manera de pensar, cualquier acuerdo sería visto como una muestra de debilidad e invitaría a nuevas violencias contra Israel. Otro argumento de la misma línea es que sin la totalidad de los territorios ocupados y sus recursos hídricos, Israel no podría defenderse ni cumplir con su cometido de asegurar una patria para la mayoría del pueblo judío.

La ideología de la “Gran Israel” es una concepción expansionista y regresiva…
La ideología de la “Gran Israel”, en su vertiente religiosa, sostiene que el poblamiento de la totalidad de la Tierra histórica de Israel, que le habría sido dada a este pueblo por Dios, es el cumplimiento de una “Mitzvah”, vale decir, un deber religioso y aseguraría el próximo advenimiento del Mesías. Los miembros de estas corrientes ideológicas temen la paz, pues en las condiciones actuales ella significaría, forzosamente, el congelamiento de las construcciones en las colonias, el desmantelamiento de muchas de ellas que están aisladas y en peligro y finalmente, la reubicación de la mayoría de los colonos en grandes bloques, dentro de un acuerdo de cambios de fronteras que serían negociados con los palestinos.

¿Cómo lograr la paz ante el integrismo intransigente?
Quienes apoyamos el camino de la paz, sabemos que ésta no traerá en forma automática el cese de todas las hostilidades en contra de nuestro Estado, pero que ésta es una condición “sine qua non” para seguir avanzando hacia formas más tolerables de convivencia. La otra alternativa significa guerra y un aislamiento creciente en el área internacional que nos debilita. Por otra parte pensamos que el cometido de consolidar el país del pueblo judío y de todos sus habitantes, cualquiera fuese su creencia religiosa, se puede lograr mejor renunciando a la utopía mística de la “Gran Israel” y dentro de los límites de Israel en 1967, modificados de común acuerdo.

¿Cuáles son las trabas principales para abrir un camino pacífico y de convivencia entre palestinos e israelíes?
La política de paz será difícil de realizar, por los problemas internos israelíes y los que proviene del lado palestino a los que me referiré luego. Una decisión de reubicar de inmediato a más de doscientos mil colonos, muchos de ellos con convicciones religioso-nacionalistas extreriias, puede provocar respuestas de enorme violencia. Recordemos que el asesinato de Rabin surgió de esos grupos y que eso es una muestra de lo que podría llegar a ocurrir. Lo más probable es que en caso de que, ya sea por decisión interna israelí o por presión política, especialmente por presión de los Estados Unidos, se ponga en práctica una política pacifista, el problema de las colonias sería tratado de manera escalonada. Primero la congelación de la construcción en esas colonias, como lo prevé el llamado “Plan Mitcheli”, luego la evacuación de las colonias periféricas aisladas cuya defensa es sumamente onerosa por el número de soldados necesarios para cuidarlas y el riesgo a que éstos están expuestos y finalmente la reubicación en áreas más compactas. Pero es de prever que incluso un plan así tropezará con una fuerte oposición desde el comienzo. Una expresión popular dice: “lo que no crece retrocede” y el final de ese proceso es previsible desde el comienzo.

¿Puede pensarse en la paz con Sharon?
Es muy difícil pensar que Sharon y sus seguidores políticos resuelvan o sean capaces de llevar a cabo un proceso semejante. Será necesario un cambio en la dirección política israelí lo cual exige la constitución de un frente de oposición válido, la creación de un verdadero partido social-demócrata que hoy por hoy no existe en Israel y que podría estar formado por el ala llamada “paloma” del partido Laborista que se separaría eventualmente del mismo, Meretz y distintos frentes pro-paz que hoy en día actúan de manera independiente. Ese frente tal vez no sería una solución a plazo breve, pero podría serio a mediano plazo y ocuparse tanto de los problemas de la paz como de los problemas económicos que son muy acuciantes.

¿Cuál es su opinión sobre la OLP y Arafat?
En el lado palestino la situación también es muy compleja. Existen movimientos islámicos como el “Hamas” y la la “Jihad islámica” que no aceptan la presencia de un Estado no musulmán en la zona y tienden al sometimiento político de Israel o a su destrucción. Existen también movimientos laicos tales como el Frente Democrático por la Liberación de Palestina, que tienden a la desaparición política de Israel y finalmente el Fatah, el movimiento de Arafat, para el cual resulta sumamente difícil renunciar al derecho del retorno de los refugiados palestinos al territorio de Israel, retorno que ha sido desde el comienzo una parte esencial de su plataforma ideológica y les ha asegurado el apoyo de centenares de miles de palestinos en los campamentos de refugiados en el Líbano, Jordania y Siria, así como de la diáspora palestina en otros países. Como sabemos, los israelíes se oponen al retorno masivo, pues este pondría en peligro la existencia misma de Israel y proponen en cambio un plan de compensaciones económicas y su reubicación en otras regiones como, por ejemplo, el Estado Palestino a crearse al lado de Israel.

Arafat es el San Martín, el Bolívar de los palestinos…
Es muy difícil imaginarlo a Arafat renunciando definitivamente a ese retorno. A lo sumo podemos pensar en que podría aceptar una postergación temporal del mismo dentro de una no-beligerancia prolongada. Otro factor que complica mucho la situación palestina es la influencia directa de Estados islámicos fundamentalistas como Irán y su extensión ideológico-militar en el Líbano, el “Hezbollah” que apoyan los factores más intransigentes dentro del campo palestino. Hoy ya es evidente que el “Hezbollah” ha tenido una parte preponderante en el comienzo de la actual “intifada”, la sigue teniendo en el presente y es uno de los opositores más enconados a cualquier proceso de paz.

Pero no se puede dejar de lado el liderazgo de Arafat…
Puesto que es poco probable que Sharon o Arafat sean desplazados de su liderazgo en un futuro cercano, vemos la importancia de la presión externa para lograr, por lo menos, un cese de la espiral de violencia. Ese papel lo desempeñan los Estados Unidos por medio de su mediador, el general Zinni. Estados Unidos es el único que puede influir hoy, tanto sobre el gobierno israelí como sobre Arafat por medio de -entre otros factores- su influencia en países como Egipto, Jordania y Arabia Saudita. El motivo principal de ese esfuerzo parece ser la necesidad de pacificar la región para preparar un eventual ataque contra Irak y para evitar un deterioro de las relaciones de Estados Unidos con sus aliados en el campo árabe de los cuales depende, en gran parte, su suministro de petróleo.

Bush, con su política belicista, complica la paz en Medio Oriente…
Es que, en un sentido más amplio, la política del gobierno de Bush pone en peligro la paz en la zona ya que nos quiere utilizar para satisfacer sus objetivos en el marco de su plan de lucha contra el llamado “eje del mal”. Pensar que la destrucción de Irak nos favorece es continuar con el autoengaño. Sean cuales fueren los motivos de los Estados Unidos, la mayoría de los israelíes y de los palestinos necesitamos el cese del fuego para poder respirar. Más adelante dependerá fundamentalmente de ambos pueblos si logramos una paz o una tregua duradera y qué alcance podrá tener la convivencia entre ellos.

Son muchas las dificultades pero ¿hay esperanza para la paz?
Hoy, nuestro convencimiento es que la solución del conflicto pasa por lo político y no por lo militar: retornar a la mesa de negociaciones para abandonar la relación de ocupantes y ocupados y acordar las fronteras definitivas de buenos vecinos.

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